Dante Aguilera Benítez, mejor conocido como El Dante (1990), encontró en el arte visual un lenguaje propio y comunitario. Su firma, extendida en muros de México y el mundo, no solo responde a un oficio individual, sino a un compromiso colectivo y con la transformación social a través de la pintura.
Desde niño, Dante se fascinó con el dibujo. Copiaba cartas de Dragon Ball y Pokémon, al mismo tiempo que se intrigaba con los cartones políticos de los periódicos, aunque aún no comprendiera del todo sus mensajes.
Su hogar ya estaba impregnado de arte: su hermana y su padre habían estudiado Artes Plásticas, su hermano música, y él no dudó en seguir el mismo camino. Durante la secundaria, cursó en paralelo la preparatoria y la carrera técnica en Artes Plásticas en la UAS.
El Dante domina técnicas diversas: acrílico, óleo, acuarela, carboncillo, grabado, spray e ilustración digital. En gran formato prefiere acrílico y spray, mientras que en el trabajo íntimo opta por la acuarela y el linóleo. Sin embargo, su elección no es solo estética: responde a la facilidad, costos y a la posibilidad de enseñar a otras personas sin formación artística.
Su vocación lo ha llevado a pintar en casi todo México, desde Sinaloa a Yucatán y fuera del país. Ha plasmado sus trazos en Estados Unidos, Guatemala, Colombia, Francia, Italia, España, Alemania, Suiza e Islandia. En cada lugar, más que dejar un mural, busca sembrar una experiencia colectiva, sembrar semillas de arte con una visión conceptual desde la cotidianidad.
Es un artista con un alma combativa, que piensa en el territorio, la colaboración y las comunidades como el centro de la sociedad, que se debe cuidar y defender. En sus obras puede observarse esas luchas, sobre todo las que han surgido desde las comunidades indígenas en México.
Para Dante, cada obra parte de un mensaje. Empieza con la idea de lo que quiere transmitir. Después arma un collage digital con fotos y referencias, elige símbolos, compone y finalmente define la paleta de color. El diseño cobra vida en paredes y en talleres abiertos donde su obra se vuelve un acto compartido, así con infancias en escuelas como con madres buscadoras.
En el trabajo comunitario, cuida incluso los detalles técnicos: evita el spray cuando hay infancias o espacios cerrados, priorizando acrílicos por ser más seguros y accesibles.
Su inspiración parte de que el arte en la calle, en contextos violentos, se convierte en una herramienta para el cambio y la crítica social, es por eso que sus murales colectivos encarnan esa visión: más que estética, son un ejercicio de memoria, de encuentro y de belleza compartida.
Lo motiva la posibilidad de que la vida “se vea más bonita para todxs”. Y esa motivación se refleja en los murales que ha creado con colectivas y comunidades, a través de procesos en los que la energía del grupo supera la autoría individual.
FRASE
“En contextos violentos como los nuestros, el Arte Visual es de las formas más relevantes de creación, pues se convierte en una herramienta para el cambio y crítica social”.
El Dante, Artista Visual.
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