
Color y paz, el arte urbano para transformar espacios
En México y otros países, el arte urbano ha sido una herramienta para contar historias y unir a la población que demanda paz.
Hay muros que cuentan historias de guerras y muros que cuentan historias de paz. En Culiacán, los murales han permitido plasmar la historia, los valores y la esperanza por toda la ciudad. También en otras partes del mundo, el arte ha sido una herramienta para expresar los actos que rechazamos y el mundo que queremos habitar.
Paredes que antes representaban división, miedo o abandono se han convertido en lienzos de memoria colectiva. Ejemplos de ello hay en todo el mundo, donde el arte urbano muestra la fuerza y la unión ciudadanas.
El proyecto Vamos Pintando ha impulsado a artistas locales e internacionales a crear obras en Culiacán que, con la participación de la ciudadanía, transmiten mensajes sobre intereses comunes mediante diferentes técnicas, como acrílico, grafiti y esténcil.
Corredor de Paz
Con una superficie de casi 50 mil metros cuadrados pintados en más de 2 mil 500 murales, Culiacán es un ejemplo de cómo el arte urbano puede transformar espacios y, con el involucramiento de la población, contribuir a reforzar el tejido social para construir paz.
El caso del Corredor de Paz, en la colonia 21 de Marzo, destaca en el entorno. Cientos de metros cuadrados fueron intervenidos por artistas para crear este corredor, en un sitio antes conocido como el Callejón de la Muerte. Ahora, las personas aprecian muros llenos de color en un lugar que antes les provocaba miedo.
Este espacio, ubicado en la intersección de las avenidas Patria y 21 de Marzo, a unos metros del libramiento Benito Juárez, mejor conocido como La Costerita, es una muestra del poder del arte urbano. Valores como la esperanza, la amistad y el trabajo identifican a la gente de Culiacán.

Mujeres muralistas, pilares en el movimiento artístico en México
Del conflicto al color
La Comuna 13, en Medellín, fue durante años una de las zonas más peligrosas de la ciudad, con una historia marcada por el narcotráfico y los grupos delincuenciales. Ahora, ese mismo territorio es reconocido como un ejemplo de resiliencia que mostró que es posible impulsar un cambio social a través del arte y la cultura.
A lo largo de las rutas peatonales, jóvenes grafiteros y raperos empezaron a llenar los muros de color, dando origen al ahora célebre Graffitour por este barrio. Más allá de lo estético, estas expresiones contribuyeron a unir a la comunidad en torno a la paz, la memoria y el arte.
Del otro lado del Atlántico, el Muro de Berlín tiene otra historia de transformación. Durante casi tres décadas dividió la ciudad, separó familias y representó dos visiones políticas opuestas. Tras su caída, en noviembre de 1989, un tramo de mil 316 metros fue intervenido por 118 artistas de 21 países, quienes pintaron ese fragmento del muro.
El espacio se inauguró oficialmente el 28 de septiembre de 1990 como la East Side Gallery. Entre las obras más reconocidas está el mural del beso entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker, pintado por el artista ruso Dmitri Vrubel, así como el Trabant que parece atravesar el muro, obra de Birgit Kinder.
En Culiacán, Medellín y Berlín los conflictos han sido diferentes, pero en los tres lugares hubo expresiones de unión, paz y esperanza. Separados por dos continentes y décadas de historia, artistas, con el acompañamiento de la población, transformaron espacios asociados con el miedo y la división para llenarlos de mensajes de paz.
El arte urbano no borró la historia de esos lugares, sino que la resignificó, la hizo visible y, sobre todo, la puso en manos de quienes la vivieron y la siguen viviendo. Esa memoria compartida permanece ahora en muros, escuelas, edificios históricos y parques.
